El doctor miró a Aimé con seriedad, su expresión reflejaba la gravedad de la situación.
—Lamento informarles que Rodolfo está en estado delicado —anunció, sus palabras eran como cuchillos cortando el aire.
Aimé sintió el peso de esa declaración en el pecho, una opresión que apenas le dejaba respirar. Su mente se llenó de imágenes de su padre, de la vida que le había arrebatado la paz, y el miedo se transformó en desesperación. Sin decir una palabra, se dio media vuelta y salió del hospital, sus