—¡Infeliz! —vociferó Martín, con la rabia por creer ser traicionado, desgarrando cada fibra de su ser—. Defiendes a esta… esta… ¡Zorra! Pero escucha bien, Rafael, ¡un día ella también te engañará! Quédate con esa basura, porque es lo único que mereces.
Martín observó a Aimé por última vez, una mirada fría, llena de desprecio, mientras tomaba la mano de Lola, su nueva amante. Su boca se curvó en una sonrisa cruel, carente de remordimiento. Aimé sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies cua