—¿Me darán la empresa? ¿De verdad? —preguntó Martín, su mirada brillando con una mezcla de ambición y resentimiento.
Aimé sintió cómo un profundo odio brotaba desde su pecho. No podía creer que aquel hombre, el mismo al que alguna vez entregó su amor, ahora se mostrara tan frío y despiadado.
—Sí, es lo que acordamos —respondió Joaquín con firmeza.
Martín giró hacia Aimé, y sus ojos estaban cargados de un desprecio que la atravesó como un puñal.
—Está bien, acepto.
Joaquín asintió, con una expres