Diana sintió esos labios reclamando los suyos, quería escapar, pero él era tan fuerte que, se debilitó al sentir su cálido aliento.
Ella desvió su rostro, rompiendo el beso, pero sintió ese aliento quemar su piel, mientras Joaquín extendía dulces besos en sus mejillas, y en su cuello, mordió suavemente el lóbulo de su oreja, haciendo que se estremeciera.
Diana quería no sentir nada, pero no sabía por qué sentía todo.
—¡Aléjate!
—Diana, soy tu esposo —dijo él acunando su rostro, sus miradas se en