Margot se sentía inquieta. Había pedido ver a Rodolfo, y ahora, al caminar lentamente hacia su habitación, el peso de cada paso la hacía más consciente de sus emociones. Empujó la puerta suavemente y entró, encontrándolo en la cama. Al verlo, su corazón se encogió. Estaba tan frágil, pálido, tan lejos de aquel hombre fuerte que ella recordaba.
Se acercó con cuidado y tomó su mano, con una delicadeza que casi le sorprendió. Sus ojos, llenos de tristeza, lo miraron en silencio, y en su mente reson