Siete años después.
Opal y Ónix jugaban en el salón, luego dejaron de hacerlo, ante la llegada de su nana Salma.
—Vamos, niños, es hora de ir a dormir. Recuerden que hoy, papá tendrá su fiesta de compromiso con Felicia.
Los niños lucían tristes, bajaron la escalera, tomados de la mano con la niñera, cuando los pequeños observaron cómo el cuadro de su madre, que antes estaba en la sala, era retirado.
—¡No! ¡Mami! No pueden quitar a mami —dijo Opal, la pequeña niña sollozaba.
—¡No, dejen a mami!