26. ¿Dónde demonios estás?
Gabriel
El pequeño se abraza sde mis piernas y yo pongo instintivamente una mano en su cabeza, mientras sigo en estado de shock, sintiendo su cuerpo temblar.
Mis ojos empiezan a barrer el lugar y no veo en ninguna parte la melena rubia de Catalina. ¿Cómo es posible que se le haya perdido el niño otra vez?
Siento la rabia empezar a formarse en mi interior al pensar que tal vez ella no es tan negligente como he creído.
—¿Dónde está tu mamá, amigo? —pregunto, agachándome para mirarlo a los ojos.
Y