17. No me esperaste
Gabriel
—Hola, Kitten ¿Puedo saber a qué debo el placer de tu visita?
El silencio que sigue a mis palabras lo dice todo.
Catalina se queda quieta, como si la palabra la hubiera golpeado de lleno en el pecho. La veo parpadear, su cuerpo tensarse, sus manos apretarse al bolso con fuerza. Ahí está la reacción que esperaba.
Esa palabra no era casual. Era nuestra. Mía para ella. Mi maldito apodo secreto para la mujer que solía adueñarse de mi cama… y de todo lo demás sin que yo me diera cuenta.
Kitt