Analía reacciona de inmediato, al ver que todo puede pasar a mayores, toma al hombre de una oreja, tira de él y coloca a su hija tras su cuerpo para protegerla.
—¡¿Qué te crees, renacuajo remojado en cloro?! ¡Mi hija terminó contigo hace cuatro años porque le pusiste los cuernos con el clon de Barbie anoréxica!
—¡No, eso es mentira! —intenta acercarse nuevamente, pero Ian lo toma por las solapas de su chaqueta y lo estampa contra una pared—. ¡Andy, dile a tu guardaespaldas que no me golpee!
—No soy su guardaespaldas, idiota —sisea Ian, mostrándole los dientes como si fuera un lobo a punto de arrancarle el cuello.
—Es mi prometido, Cedric —dice Andrea con simpleza y acercándose a él—. Y te puedo asegurar que es más hombre en todos los sentidos de la palabra, porque no me engañaría jamás, mucho menos con la que era mi amiga. Algo que no puedo decir de ti.
—Amor, te juro que no fue como lo viste… ella… ella me drogó y me obligó a decir todas esas cosas horribles…
—¿De verdad? —se ríe And