La entrada de Andrea no le pasa desapercibida a nadie, todos los ojos están sobre la novia e intentan ver su rostro, pero no lo consiguen, porque el encaje del velo no se los permite. Pero ella sí puede ver.
Y vaya que sí ve.
Su mirada no está en los invitados, en el camino que recorre del brazo de su padre, ni siquiera en el altar o lo hermosa que se ve la iglesia. No. Sus ojos están clavados en el novio, el que tiene su mirada puesta en ella y esa energía que solo siente con él la invade poco