Despertar entre los brazos de Ian, pensó antes de la boda, que sería lo mismo que todos los días después de volverse su esposa.
Pero no.
Por una extraña razón, ese hombre pegado a su espalda, ahora mismo emana una energía diferente, un calor más protector… incluso su piel se siente extraña, no sabe cómo describirlo.
Lo único que no ha cambiado es esa cosa dura contra sus nalgas, que pronto se mueve palpitante, cuando él también se despierta.
—Buenos días, esposa bella… —deja un beso en su cabeza y Andrea se remueve para verlo a los ojos—. ¿Cómo dormiste?
—Bien… mi esposo anoche me dio mucho amor para hacerme dormir mucho.
—Dilo de nuevo —le pide él con voz ronca y ella se pone coqueta.
—Quiero que me des duro contra la cama —Ian se ríe y la besa con suavidad.
—Me refería a esa parte en donde me dices esposo… pero lo otro te lo complazco enseguida.
—Espera, entendí mal… ¡Ah, esposo, no pares!
Dos horas después, Andrea se siente medio viva y cree que podrá caminar con normalidad. Aunque