Carlo lo mira desde el piso con una mezcla de rabia y miedo, no sabe cuál predomina en ese momento.
Los pocos invitados que están dentro se ponen de pie y ven cómo el novio se acerca a Carlo, lo toma por las solapas del traje y le acerca el rostro para amenazarlo.
—En la iglesia no se bebe, idiota.
—¿No has visto nunca a un cura tomando vino? —se burla Carlo y Ian lo levanta como una pluma.
—Es la sangre de Cristo, pendejo, lo tuyo con suerte alcanza a ser orina de caballo.
Lo suelta con violen