La casa es preciosa, enorme y con un ambiente hogareño que a Andrea no le pasa desapercibido. Andrea mira a Ian, sus ojos están fijos en ella, esperando su respuesta y le dice.
—Si no me gusta, ¿en verdad puedo elegir otra?
—Por supuesto. Esta casa no será solo para mí, es el refugio para nuestra pequeña familia. Quiero que sea cómoda para ti, que veas si te gusta como está, si quieres cambios, si deseas ver más opciones… solo te puedo decir que este barrio es el mejor de la ciudad.
—Sí, lo sé, yo soy de aquí —se ríe ella.
Lo toma de la mano, camina lentamente mirando todo el lugar y su mente comienza a viajar. Ve una pileta de mármol en la entrada, rodeada de flores. A un costado de la casa ve una zona de juegos para sus hijos, porque no piensa quedarse solo con uno. En la entrada ve un aparcamiento con cubierta para los días de lluvia y cuando entran a la casa, que está completamente vacía, su mente comienza a volar.
Con Carlo no hizo esto.
Ella llegó como una vil intrusa a la casa