Sueltan a Naomi también, la que corre para revisar a Andrea. Ella le dice que está bien, Sebastián rodea por la cintura a su hermana y mira a las agresoras delante de él con una furia que está a punto de desbordarse.
—Señor Martínez, yo… —intenta decirle Sonia, pero él la calla con un grito potente.
—¡Agradezcan que mis padres educaron a un caballero! De otra manera, cada una estaría en el suelo, con la nariz partida… —todas abren los ojos, muertas de miedo—. Andrea es intocable, ¿me oyeron bien? ¡Es intocable!
—No sabíamos que está embarazada, señor…
—De saberlo, le habríamos hecho llegar un regalo, señor —dice otra y Andrea suelta una carcajada.
—¿Te puedes creer el descaro de estas mujeres? —le pregunta a su hermano y este solo suelta un bufido.
—¿Qué quieres hacer con ellas? Su destino está en tus manos, polillita.
Andrea las mira con una cruel diversión, se suelta del agarre de su hermano, se coloca una mano en el vientre y las mira de pies a cabeza.
—No quiero que las despidas,