Mundo ficciónIniciar sesiónAl llegar a la residencia de Moisés, la atmósfera en el aire se tornó densa, cargada de una electricidad silenciosa. Para sorpresa de Jenny, su amigo salió a recibir al hombre que acababa de rescatarla. El intercambio de miradas entre Moisés y Leonel no fue el de dos desconocidos, sino el de dos hombres que compartían un lenguaje invisible, una complicidad forjada en los rincones más oscuros de la vida. Leonel hizo un gesto casi imperceptible con la cabeza, una señal de aprobación que Moisés respondió con una inclinación tensa. Jenny observaba la escena desde la distancia, paralizada por una duda que amenazaba con quebrantar su cordura.
Una vez que Leonel se despidió y se alejó en la penumbra, dejando tras de sí el eco de un motor potente, Moisés condujo a una Jenny visiblemente alterada al interior de la casa. El silencio solo fue interrumpido por el sonido del agua hirviendo mientras él preparaba un té calmante, intentando restaurar la normalidad en su protegida. Cuando la adrenalina comenzó a ceder y el pulso de Jenny se estabilizó, la curiosidad, más fuerte que el miedo, la obligó a romper el silencio. —Moisés, ¿tú y él se conocen? —preguntó ella, con la voz apenas un hilo. —Sí. Es mi amigo desde la adolescencia —respondió Moisés con una franqueza que, lejos de tranquilizarla, la inquietó más. El rostro de Jenny palideció ante la sospecha que le quemaba la garganta. —¿Él es el gemelo que vive con los Volkov? —No —corrigió Moisés, cortando de raíz cualquier duda—. Él no vive con los Volkov; huyó de ese infierno cuando era apenas un niño. La relación entre ambos siempre había sido inquebrantable, una hermandad nacida de la tragedia que había dejado a Moisés huérfano y bajo la protección de los padres de Jenny. Por esa razón, cuando Moisés bajó la voz, el peso de sus palabras se sintió como una revelación definitiva. —Jenny, esto es algo que nadie sabe —susurró él, mirándola con una intensidad que le erizó la piel—. Te lo cuento porque eres como la hermana que nunca tuve y confío en ti: Leonel no está del lado de los Volkov. Él es la única fuerza capaz de destruirlos desde adentro. La revelación encajó en la mente de Jenny como una pieza faltante en un rompecabezas oscuro. Si Leonel realmente fuera un aliado de los Volkov, Moisés jamás habría permitido tal cercanía. Jenny decidió confiar, liberando el relato del horror vivido en el centro comercial: el forcejeo con Kevin Volkov, el miedo paralizante y la intervención brutal de aquel hombre a quien todos tildaban de "monstruo". Moisés escuchaba con el ceño fruncido, analizando cada detalle como si fuera una pieza de artillería. —Leonel ya me informó de todo —admitió Moisés, con la mandíbula tensa—. Si Kevin te está buscando, el peligro es real. Estás en su lista, Jenny. —Ahora mi padre me va a encerrar —lamentó ella, sintiendo cómo el miedo volvía a atenazar su pecho—. Me pondrá bajo custodia constante. —Eso es un hecho —sentenció Moisés, mirando hacia la ventana, vigilando el exterior—. Y será lo mejor por ahora. —Dime la verdad —insistió ella, con un temblor casi imperceptible en su voz—. ¿Él es un mafioso? Moisés se acercó y le puso las manos en los hombros, obligándola a mirarlo a los ojos. La calidez de su amistad habitual había sido reemplazada por una determinación sombría. —No es tan simple, Jenny. Leonel es un hombre que vive en el margen de la ley para corregir las injusticias que otros dejaron impunes. Lo que existe entre él y yo es un pacto de sangre que absolutamente nadie debe conocer. Ni nuestra familia, ni el círculo de los Viasov, ni mucho menos los Dragomir. Si esto sale a la luz, no solo mi vida corre peligro, sino la tuya. Jenny asintió, sintiendo el peso abrumador de aquel secreto instalándose en su pecho como una piedra fría. Comprendía que ya no era solo la hija de Dominic Viasov; era una pieza dentro de un juego de sombras donde un solo error significaba la muerte. Moisés tomó las llaves del coche, su rostro endurecido por la preocupación. Debía llevarla a casa, pero ambos sabían que, al cruzar esa puerta, la vida de Jenny nunca volvería a ser la de antes. El destino de la joven había quedado, irrevocablemente, ligado a una guerra que se libraba en las sombras.






