Tras el aterrizaje en la imponente pista privada de la mansión en Rumanía —un complejo blindado diseñado al mismo nivel de seguridad que el refugio de Leonel—, los motores del jet finalmente se apagaron. Saúl bajó por la escalinata cargando a uno de los trillizos en sus brazos, mientras sus hombres de confianza se encargaban con delicadeza de los otros dos pequeños.
Talia descendió despacio, manteniendo la mirada fija en el despliegue de arquitectura moderna, cámaras de vigilancia de alta tecno