Bélgica, 5 años atrás
En la oficina principal de Gant Aviation, el ambiente era tan frío como un témpano. Jordan Gant, CEO de la compañía, esperaba de pie tras su escritorio. Tenía los ojos inyectados en sangre y los puños apretados sobre la superficie de caoba.
Un golpe seco y firme resonó en la puerta.
—Adelante —dijo Jordan con una voz gélida.
La puerta se abrió y apareció su hijo, Saúl. Los mismos ojos celestes, encendidos por la rabia y el cansancio, se clavaron en la figura de su padre.
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