Para la servidumbre de la mansión Dragomir, los últimos días habían sido una lección continua de desconcierto. El lugar, que durante años había funcionado con la precisión fría y silenciosa de un cuartel militar, de pronto se había visto invidió por una fuerza de la naturaleza llamada Jenny.
Leonel se encontraba aún en la recámara cumpliendo el reposo indicado por el médico. Aunque ya podía ponerse de pie y caminar por el espacio de la habitación, sus movimientos debían ser cautelosos.
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