El camino de regreso a casa transcurrió con un silencio espeso, roto solo por el sonido del motor y alguna que otra frase trivial sobre el clima. Alejandro parecía concentrado en la carretera, pero yo sabía que podía conducir así durante horas y al mismo tiempo estar pensando en otra cosa.
Me apoyé contra el asiento, con la vista perdida en las luces de la ciudad. La frase de Margaret seguía resonando en mi cabeza: Cuida de él, Isla. ¿Qué significaba exactamente? ¿Era una simple expresión mater