Capítulo 47 – Bebé a bordo.
Los días que siguieron a nuestra primera visita a la clínica estuvieron marcados por una rutina frágil, como si camináramos sobre cristal. Alex mantenía la promesa que me había hecho aquella noche: intentaba contener la rabia, aunque a veces el esfuerzo se notaba en sus silencios prolongados, en la manera en que apretaba los puños al no poder alcanzar un vaso sin ayuda, o en el ceño que se le fruncía cuando Rosa insistía en acompañarlo hasta el baño.
Yo lo observaba en cada detalle. No porque d