El domingo era el cumpleaños de mi madre. El aroma a flores frescas y velas me dio la bienvenida nada más entrar en la casa de mi madre. Hoy era su cumpleaños, y todo estaba impecable: la mesa cuidadosamente arreglada, los globos discretos pero alegres, y un ambiente cálido que parecía envolverlo todo.
Alex caminaba a mi lado, su brazo rozando el mío con naturalidad. No había distancia entre nosotros, ni silencios incómodos, ni gestos medidos. Estaba allí, como siempre había sido, como parte de