Dos semanas después la manada se recuperaba lentamente: las heridas de los supervivientes se cerraban gracias a la regeneración lobuna, las patrullas se habían intensificado, y un velo de vigilancia constante cubría el bosque. No había rastro de las bestias abominables que habían atacado, aquellas criaturas de músculo negro y garras curvas que habían convertido una noche de escape en una masacre, Xylos dirigía las búsquedas interminables con incansable determinación, pero el silencio de las mon