Dentro de la cabaña, el tiempo parecía suspendido, un limbo entre la vida mortal y la eternidad maldita, Kian yacía en el sofá como si durmiera, su cuerpo inerte envuelto en una manta manchada de sangre seca, el pecho quieto como el de un cadáver, pero no era un final; era el umbral de un renacimiento forjado en desesperación.
De repente, los sentidos de Kian se encendieron como un incendio sobrenatural. Lo que antes era un mundo de percepciones humanas limitadas y amortiguadas. Ahora se expa