Ella dudó un segundo antes de encogerse de hombros, jugueteando con el tenedor.
—Yo quiero algo diferente. Algo que me saque de lo mismo de siempre —admitió, su voz ganando fuerza—. La biblioteca es segura, pero… asfixiante. Quiero sentirme viva.
Kaiser sonrió, lento, peligroso, revelando un atisbo de colmillos que ella atribuyó a la luz de las velas.
—Eso me parece suficiente —dijo, levantando su copa en un brindis silencioso.
La cena prosiguió en un baile de palabras y miradas cargadas, V