Esa noche el bosque empezó a iluminarse con antorchas que iluminaban un pequeño claro mientras música recorría el lugar. El aire estaba impregnado con ese olor a madera quemada, humo y un ruido por parte de los más jóvenes. Era una de esas celebraciones espontáneas que la manada organizaba cuando necesitaban desconectar, recordar que no todo era patrullas, alertas o estrés constante.
Cuando Xylos regresó de su caza y le propuso a Vecka unirse, ella dudó apenas unos segundos antes de decir que