Esa noche el bosque empezó a iluminarse con antorchas que iluminaban un pequeño claro mientras música recorría el lugar. El aire estaba impregnado con ese olor a madera quemada, humo y un ruido por parte de los más jóvenes. Era una de esas celebraciones espontáneas que la manada organizaba cuando necesitaban desconectar, recordar que no todo era patrullas, alertas o estrés constante.
Cuando Xylos regresó de su caza y le propuso a Vecka unirse, ella dudó apenas unos segundos antes de decir que sí.
Llegaron de la mano, y la presencia del alfa se hizo notar de inmediato. Las charlas bajaron de volumen, no por miedo, sino por respeto, pero Xylos no estaba allí como líder esa noche. Estaba allí como pareja, como futuro papá.
Vecka lo sintió al instante.
La música los atrapó antes de que pudiera pensarlo mucho, Xylos la llevó al centro del claro, donde varios jóvenes bailaban descalzos sobre la tierra, riendo, girando, olvidando todo. Vecka dudó un segundo, consciente de su panza, de c