La luz del amanecer se filtraba por las altas ventanas, Xylos se hundió por última vez en Vecka, un gruñido ronco escapando de su garganta mientras se derramaba dentro de ella. Ella exhaló un suspiro largo y tembloroso, sus piernas aún enredadas en su cintura, los dedos clavados en su nuca. El aire olía a sexo y lavanda. El alfa se dejó caer a su lado, el pecho agitado. Su mano ciega buscó el vientre abultado de ella y lo acarició con reverencia.
—Hoy llegan los complicados.... vampiros purasa