Los lobos habían organizado una pequeña celebración junto al lago, una tradición para agradecer la buena caza y la estabilidad del territorio. La música, los aromas de comida asada y las risas se extendían por el aire. La mayoría había partido temprano, incluyendo Polaris, Jules y Kian, quien había sido arrastrado por algunos miembros jóvenes de la manada que ya lo consideraban parte del grupo, pero Vecka no quiso ir.
El cansancio, mezclado con un peso inexplicable en el pecho, la dejó anclada