El jardín había sido transformado hasta volverse irreconocible, como si un fragmento de un reino mágico hubiera despertado en medio de la mansión. No era solo una decoración para una boda: era un escenario vivo, cuidadosamente diseñado para honrar la unión del rey y su futura reina.
Altos árboles rodeaban el lugar, sus troncos oscuros adornados con hilos de luces cálidas que se entrelazaban como constelaciones domesticadas. Las hojas, movidas por una brisa suave, dejaban caer destellos dorados