La habitación estaba impregnada de un silencio denso. No era uno vacío, sino cargado de expectativas, de respiraciones contenidas, pensamientos que se acumulaban unos sobre otros sin encontrar salida.
Las cortinas blancas dejaban pasar una luz suave que se filtraba como un susurro, acariciando los muebles, el espejo de marco dorado, la cama perfectamente tendida que nadie volvería a usar esa noche.
Valentina permanecía sentada frente al tocador, inmóvil.
Tenía la espalda recta, las manos ap