La noticia llegó a Kaiser antes del amanecer.
El vampiro mensajero se arrodilló frente a él, con la cabeza gacha y el cuerpo aún cubierto por el polvo gris que delataba una ejecución reciente. Kaiser no necesitó preguntar. El aire a su alrededor se había vuelto denso, cargado de esa electricidad peligrosa que solo aparecía cuando algo había salido terriblemente mal.
—Habla —ordenó el rey vampiro, con voz baja.
—Tres de los nuestros… —comenzó el mensajero—. Encontraron a Britanny en un hotel.