La noche había perdido cualquier encanto cuando abandonaron el restaurante, Valentina caminaba entre Vecka y Polaris con los hombros tensos, una mano protegiendo su vientre de manera inconsciente.
Sus pasos eran cortos, inseguros, como si el suelo pudiera ceder bajo ella en cualquier momento. El aire frío de Rumania le erizaba la piel, pero no era el clima lo que la hacía temblar. Era el recuerdo del arma.
El brillo metálic apuntando a su vientre.
La certeza de que, por un instante, su vi