“Solo la muerte puede tocar a la muerte.”
Las palabras de Draven no eran una metáfora poética, ni un acertijo de villano aburrido. Eran una instrucción precisa. Una maldita llave maestra.
Seraphina miró la barrera invisible que protegía el corazón negro, esa pared de fuerza que la había rechazado con tanta violencia momentos antes.
Luego bajó la vista hacia sus propias manos, manchadas de tierra y hollín. Temblaban, sí, pero no de miedo, sino por la adrenalina que saturaba su sistema. Sus mano