71 | Huye, Seraphina

El sonido de la traición no fue un grito,

fue el silencio sincronizado de mil respiraciones deteniéndose a la vez.

Seraphina miró a Caleb. El hombre que le había enseñado a su hermano a sostener un cuchillo, el Beta que había jurado protegerlos con su vida, ahora la miraba con ojos que eran pozos de petróleo. No había reconocimiento en su rostro curtido. Solo había el vacío hambriento de Draven.

—Corre, conejita —dijo Caleb, pero la voz era la del Rey Oscuro, resonando en su garganta con una distorsión metálica—. Corre para que la caza sea divertida.

El Beta levantó su espada de plata.

—¡Caleb, no! —gritó Hunter desde la ventanilla de la camioneta, golpeando el cristal con los puños—. ¡Soy yo! ¡Soy Hunter!

El nombre de el niño no provocó ni un parpadeo en la máscara de la posesión. Caleb sonrió y se lanzó desde la cresta de la colina, cargando hacia Seraphina con la velocidad de un lobo y la técnica de un maestro asesino.

—¡Atrás! —rugió Ronan.

El Alpha se interpuso en la trayectoria.
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