El tiempo perdió su forma dentro de las paredes de la habitación principal. Ya no había día ni noche, sólo había un ciclo interminable de la cafeína, insomnio y el miedo a que Seraphina volviera a caer en las garras del enemigo oscuro.
Seraphina llevaba horas interminables resistiéndose a ceder al sueño.
Ronan había convertido el dormitorio en una jaula de seda y voluntad. Había cerrado las cortinas, encendido todas las luces para borrar las sombras y se había convertido en su carcelero persona