El agudo silbido del acero cortó el aire contaminado del campo de batalla.
Evander detectó la amenaza por instinto de supervivencia.
El guerrero giró la cabeza y vio la enorme jabalina de hierro negro surcando la distancia a una velocidad aterradora.
El arma volaba con una trayectoria letal, apuntando hacia la columna descubierta de la princesa en medio de la nieve. El Alpha no gritó su nombre para advertirle. No había tiempo para esquivar el ataque.
El hombre se lanzó hacia adelante con una