El sol del mediodía golpeaba sin piedad el techo oscuro del carruaje norteño, volviendo asfixiante el espacio. El aire denso se filtraba por las rendijas.
Evander odiaba las altas temperaturas. Su lobo rugía de incomodidad bajo la fina camisa de lino negro pegada a su piel sudorosa. Sin embargo, su malestar físico era totalmente irrelevante.
Toda su atención estaba enfocada en la mujer sentada a su lado.
Iris mantenía las manos entrelazadas sobre su falda. Sus nudillos estaban blancos por la e