Las Minas de Blackwood no parecían un lugar de este mundo. Eran una cicatriz abierta en la ladera de la montaña, una boca negra y dentada de metal oxidado y roca gris que exhalaba un aliento constante de niebla sulfurosa.
La lluvia había cesado, pero la noche seguía siendo densa y fría. El grupo de guerreros de la manada se movía como un solo organismo a través de la maleza mojada. Ronan iba en cabeza, flanqueado por Caleb y tres miembros de los Desterrados —mercenarios silenciosos con ojos vac