Iris mantuvo la barbilla en alto. El peligro que destellaba en las retinas del apuesto lobo habría hecho retroceder a cualquier humano, incluso a la más peligrosa de las bestias. Pero no a ella. A Iris ese peligro oscuro la atraía irremediablemente.
—No quiero que te detengas —lo desafió.
La nota ronca en sus cuerdas vocales fue la única confirmación necesaria.
El férreo control del Alpha se hizo añicos.
Fue un quiebre arrasador.
Evander la empujó hacia atrás con urgencia ensordecedora. La es