La tradición de la manada exigía una separación estricta. La noche previa a la ceremonia de unión, el Alpha y su Luna debían dormir bajo techos distintos, una antigua costumbre diseñada para purificar el espíritu antes de pronunciar los votos sagrados frente a la luna.
Seraphina odiaba la tradición.
El reloj de péndulo en la esquina de su habitación provisional marcó las dos de la madrugada, y el sonido metálico fue un insulto a su insomnio. La cama de seda fría le resultaba profundamente ajena