Dos semanas bastaron para que el invierno comenzara a rendirse.
Los ventanales del ala principal, antes sellados por el miedo de la noche eterna, ahora dejaban entrar una luz cálida que bañaba cada rincón de la mansión.
El bullicio de la manada preparándose para la ceremonia era un murmullo constante, lleno de vida y anticipación, un contraste exquisito con la asfixia silenciosa que habían dejado atrás.
Seraphina se encontraba sola en el centro de su habitación. La modista acababa de retirar