La mano de Gabriel permanecía suspendida en el aire, una invitación abierta en medio de la oscuridad. La palma ancha, las líneas de la vida marcadas en la piel bronceada, prometían una salvación seductora. Venganza, susurraba el viento entre las hojas del sauce. Libertad.
Por un segundo vertiginoso, Seraphina vaciló. El dolor del rechazo de Ronan era una herida abierta en su pecho, sangrando humillación. Tomar esa mano sería el golpe definitivo, la forma perfecta de devolverle el dolor al hombr