El caos estalló en el jardín inferior con la brutalidad de un alud. Los gritos rasgaron la noche, seguidos del sordo impacto del acero contra la piedra.
El traidor no se había limitado a romper el cerrojo del portón principal. Había neutralizado a los hombres que vigilaban el corredor este, abriendo una vena directa hacia el corazón del territorio invernal.
La figura de Evander se transformó en aniquilación salvaje en el centro de la habitación.
El magnetismo seductor y provocador de la cena