La amenaza de Ronan no quedó en el aire. Se cumplió en el instante en que su boca se estrelló contra la de ella.
Fué un beso hambriento y devastador. Una colisión violenta tras tres meses de abstinencia, de noches frías durmiendo espalda contra espalda, de culpas no dichas y de una necesidad primitiva que se había convertido en desesperación.
Ronan la besó con urgencia, devorando su aliento, mordiendo su labio inferior con la fuerza suficiente para hacerla jadear, reclamando su boca con la mis