El silencio en la habitación no era sinónimo de calma.
Era espeso, vibrante y cargado de una electricidad estática que erizaba la piel.
La gran cama matrimonial, convertida en un nido improvisado de almohadas y sábanas, se había transformado en el centro del universo para dos almas rotas que orbitaban alrededor de un pequeño sol: Iris.
La bebé dormía profundamente en el centro del colchón, su respiración finalmente rítmica y tranquila, su piel fresca gracias al vínculo de energía que sus padre