Lucía subió al coche y con un gesto brusco, cerró la puerta de un golpe. Las manos aún le temblaban sobre el volante y su corazón latía con fuerza. Por poco es víctima de un accidente fatal y todo gracias, a su hermana. Miró por el retrovisor, vio a Laura alejarse por la acera.
—¡Estúpida! —dijo apretando los dientes. Luego dejó escapar una risa siniestra mientras recordaba la reacción de su hermana al saber la verdad.— ¡No descansaré hasta ver como te hundes en el lodo!
Pisó el acelerador, y