Minutos más tarde, Laura subió al coche con su hermana.
—Gracias por venir, Lucía.
—No te preocupes. La verdad estaba muy aburrida en casa.
—¿Y Ricardo? ¿No estaba contigo? —preguntó con curiosidad mientras se colocaba el cinturón de seguridad.
—Sí, pero es igual a que estuviese sola. —contestó antes de poner el coche en marcha.
Mientras conducía, Lucía comenzó a interrogar a Laura sobre lo que estaba pasando con Marcos. Sin embargo, la explicación de la pelicastaña fue suficiente para que