Laura bebió un sorbo de café, aún temblando. El sabor amargo y tibio parecían devolverle poco q poco, el control sobre sí misma. Aquel desconocido, no le quitaba la mirada, pero tampoco la incomodaba del todo.
—No debería estar aquí —murmuró Laura al fin, mirando hacia la puerta—. Ni siquiera sé cómo llegué.
—Lo importante es que se detuvo —respondió él con suavidad—. A veces, cuando uno se siente perdido, lo único que puede hacer es eso, detenerse en vez de huir.
Ella lo miró con frustración