Marta tomó asiento en el sofá de la sala. Se sentía exhausta. Aquel día habia estado cargado de innumerables emociones. Algunas buenas, otras no tanto.
Vio la silueta en el pasillo acercarse a ella y rápidamente su cuerpo se tensó. Ignacio traía una copa de vino en la mano y una sonrisa de satisfacción en su rostro.
—¿Cansada, mi amor? —dijo y se sentó a su lado.
—Un poco —contestó de forma seca.
—Entonces, lo del embarazo en alquiler era verdad —murmuró.
—Sí, Ignacio. ¿Por qué tendría que