—Sólo… sácame de aquí. —murmuró ella.
—Sí, está bien. Te llevo a donde quieras —contestó él visiblemente nervioso.
Marta logró estabilizarse un poco, regulando el ritmo moderado de su respiración, aunque su corazón seguía latiendo con fuerza.
Las puertas del elevador se abrieron, Marcos la sujetó por la cintura, ella se apoyó en su hombro y caminó junto a él hacia la entrada.
Una vez dentro del coche, ella se reclinó del asiento y poco a poco fue recuperándose de la crisis de pánico que habí