—¿Debemos irnos ahora? —preguntó ella, como si no deseara volver a la realidad.
Marcos miró su reloj y se encogió de hombros.
—¡No! Realmente aún es temprano. ¿Deseas hacer alguna cosa?
—Quiero sentarme sobre el pasto y ver el atardecer como cuando era una niña. —dijo soltando su mano.
—Entonces, quedémonos hasta el atardecer.
—Aquel lugar, me parece perfecto —Marta señaló la pequeña colina donde había un frondoso árbol.— Allí podremos sentarnos y ver el atardecer.
Ambos se diri